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Con Muau Muau (Priusdiscos , bigpapa records , syd , ramvo recs, finis africae, 2018),
Tildaflipers abandona el encapsulamiento low fi para llevar su inmersión visual en el sonido –
su «dub derretido»- a un universo sonoro más elevado. Dub cósmico de texturas
psiquedélicas, ritmos hipnóticos y experimentación electrónica. Dub entendido como forma,
como técnica de producción basada en procedimientos de sustracción y saturación.
Sustracción que segmenta los elementos esenciales de la canción y pone en primer plano la
intensidad vibratoria del ritmo: las líneas de bajo, las percusiones. Saturación que opera a la
manera del collage, donde el reciclaje, la superposición y la repetición modulan un mosaico
sonoro caudaloso, que le imprime matices, timbres y colores a la monotonía gris de las
secuencias melódicas.
En Muau Muau las resonancias folclóricas jamaiquinas se entreveran con recursos estilísticos
de impronta postpunk e industrial, convergiendo en un entramado sonoro orgánico y
espacioso, signado por el uso masivo de filtros, eco, reverberaciones, efectos espaciales,
sintetizadores, cajas de ritmo, vientos y voces espectrales. Hay synthpunk à la Suicide en
Cacería. Pop abstracto en Hojas. Minimalismo glacial en Sacachispas. Valle sin viento es un
dub mántrico que induce un efecto psiconáutico inmediato. En Sueño, una melodía densa,
dulcificada por un colchón de sintes y guitarras espaciales, nos retrotrae al costado más
ambient del krautrock germano. En Dengue, una línea melódica simple y repetitiva, el golpe
seco y contundente de la batería electrónica y un riff claustrofóbico de teclado, crean la
atmosfera ominosa ideal para acompañar las imágenes apocalípticas destiladas por la lírica.
Semilla- autentico candidato a himno sub-under- insinúa la búsqueda de una música
primigenia, visceral, a través de un canto dulce y devocional que evoca la nostalgia por un
paraíso perdido en una utópica Africa futurista. En Corteduro los hilos abstractos del dub
están urdidos con retazos vocales de Samo (cantante invitado de origen haitiano). Estación
Benavidez, la canción que cierra el disco, revela, una vez más, la pasión de Tildaflipers por la
música negra: un groove hipnótico recupera la libertad de improvisación del free jazz mientras
el spoken-word (a cargo de Julio Cortes) rinde tributo a las peripecias etílicas y
psicogeográficas de Ornette Coleman por el conurbano bonaerense.

Dj Pelut

Escucho a tildaflipers como sonidos del futuro. Un horoscopo de brujos. Es difícil ser objetivo.
Ante un disco esperado por mi como fan de la banda. Quizás la mayoría de los oyentes que le tiene asignada la providencia todavia no hayan nacido. Sin embargo mucha gente ya esta al tanto de este colectivo interdimensional que te limpia los oidos. Yo los escucho como una lectura sincera del presente, de lo que nos pasa como individuos y como sociedad. Sin hablar de influencias concretas, Tildaflipers suena a Tildaflipers, es world music, tiene especias de muchos estilos musicales, y evolucionan disco a disco, show a show. Hay un tema viejo que dice, “pero vos le crees mas a la tele que a mi”. Asi que escucho atento lo que narra Tildaflipers musical y líricamente. al principio me da miedo. Despues me quedo mas tranquilo y me dejo llevar por el album. el formato del grupo en esta epoca es genial, las percusiones, las colaboraciones de Samo, Pablo STA, o la voz de Ten aportan climas buenisimos. Un disco para escuchar como ustedes quieran. A volumen alto.

Juventud Turbia Corrompida

Tildaflipers opera en su último disco más adentro de su interzona particular donde se encuentran el primer Cabaret Voltaire con Lee Perry y el Spacemen 3 de Recurring caminando las grandes urbes sudamericanas. Un parecido clima devocional atraviesa todo su sonido, hecho con retazos de basura urbana “derretida” (como denomina la banda a su particular forma de dubbear). Derretidas se sienten las metrópolis sudamericanas a través del filtro sónico/sensorial, en un futurismo utópico asechado por el derrumbe social y finalmente salvado y transformado por las mutaciones bellas o monstruosas que crecen a la sombra de su disolución. Retazos de color, ecos, melodías y silencios construyen y derriten nuevos edificios (o templos?). Acá el dub más que un género vuelve a su sentido originario de herramienta del pobre para hacer música de vanguardia. El clima es soleado, pero otoñal, después de todo la ciudad en la que fue hecho es Buenos Aires, capital sudamericana de la melancolía. Tildaflipers ha evolucionado a la precisión del menos es más en este disco, en el que el silencio está más presente que en otras entregas. Lo que nunca cambia en su cambio constante es esa síntesis entre la claustrofobia urbana y la expansión interior del viaje psicodélico, entre la espiritualidad rasta, la beatitud de la libertad musical heredada del kraut rock y el cruel desencanto del que camina las calles de Sudamérica.

Tomas Nochteff

Tildaflipers, MUAU MUAU (2018, Prius discos , Ramvo records , Big papa records, Finis africae , Sucio y desprolijo)

Muau Muau es el ultimo album en formato 12” que nos ofrecen los Tildaflipers, inquieta formación con sede habitual en Buenos Aires, donde tienen su base de operaciones, y una casa-estudio que funciona como su propia Black Ark: el Estudio Ercilla.
9 temas, con una duración promedio de 4 minutos (la más breve marca 3:20, y la más extensa 4:40). O sea, se trata de canciones, y en efecto, en casi todas ellas hay vocalización, uniendo muy bien la voz masculina con la femenina, y samplers de otros profetas y pontificadores kraustafaris en medio de los paisajes sonoros que se construyen cuidadosamente por este Laboratorio del Dub .
En “Cacería” se hace un muy buen uso de la voz masculina y femenina, con visiones poéticas sobre estar “sentada al borde del precipicio”, viendo al cielo como un jardín de flores/estrellas. Tanto aquí como en “Hojas” se trata de un dub etéreo, volátil, que te permite abandonarte a la deriva mientras lo oyes.
En “Sacachispas” el sonido muta un poco, ofreciendo unas excelentes dos notas (¡para qué más!) Aquí se hace presente la voz de Samo Golif , el expatriado haitino que a su paso por Buenos Aires participo de varias sesiones en el Estudio Ercilla .El sonido me parece más industrialoide, pero a poco andar concluyo que no, que lo que me trae a la mente son los Suicide, con las famosas y certeras máquinas repetitivo/electrónicas de Martin Rev. Los teclados me recuerdan también un poquito a Chrome.
En “Valle sin viento” el estilo mesiánico del dub reggae se toma las pistas, y la voz de Samo y su vision de la vida en las calles de Buenos Aires invita a tomarse la vida con calma y descreer de los medios que venden un cotidiano de catastrofe social y apocalipsis espiritual .Es notorio el aporte de los excelentes bronces de la mano de Pope , de la banda STA .Esta cancion me recuerda a la la afro-profecía que se desplazó desde Africa a Jamaica, Italia y Londres, para llegar a Córdoba y Buenos Aires en los 80 de la mano de Luca Prodán, y emanar en este momento desde allí hasta Santiago de Chile, a través de estos viejos parlantes que ya van a cumplir medio silgo. Y que arda Babilonia, y que las trompetas derriben todas las puertas que nos encierran en los circuitos de la fábrica social . Eltexto señala a cada rato que “no pasa nada”. Pero me quedo pensado en que hay en principio una doble acepción: en sentido positivo, no pasa nada es lo mismo que decir “está todo bien, quédate tranquilo”, pero en sentido negativo no pasa nada sería equivalente a “todo es muy fome”, como decimos por acá (Mientras en Brasil “fome” es hambre, en Chile es aburrimiento).
“Sueño” es, según creo, una especie de homenaje a la melomanía y sus devotos, amantes de las diversas formas de organización humana del sonido. “Sueño sinfonía, este es mi elixir, dulce melodía, sos mi porvenir”. De nuevo un dub etéreo, flotante, y de la nada pienso en la teoría de la Big Note, de Zappa en el “Lumpy Gravy”, donde se pregunta si todos los sonidos del cosmos no formarán una especie de Gran Nota en la vibración universal. De ser así, en efecto somos todos sonido, vibración, y apuntamos hacia un devenir constantemente música/no-música, vibración, y muchos microcosmos y mares de ruido, drone y “porvenir”. Cuando dicen “nada está tan bien, nada está tan mal”, se reconecta con la idea del “no pasa nada”.
“Dengue”: juraría que había escuchado este tema antes. Difícil olvidar una canción donde se diga que tu poesía le falta algo, y se hable desde un “extremo pesimismo, justo al borde del abismo”. Con una instrumentación más tradicional esta sería punk rock, pero pese a la inspiración se transforma en otra cosa en las manos de Tildaflipers, héroes de la derretición contemporánea.
“Semilla” y “Corte duro” ya se van adentrando al final de este bello artefacto. La idea de una semilla que crece en medio del basural es la misma que cuando Archie Shepp decía que en cierta forma el jazz es “una flor en medio del pantano”. Lo mismo se puede decir del blues, el soul, el dub reggae y el free jazz. El vocalista nos recuerda varias veces que “la herencia de derrotas es tu manantial”. Es nada casual que escuche esto mientras leo “La horda de oro”, sobre el manantial de derrotas que hubo entre 1968/1977, vistas desde el territorio italiano, desde su “Otoño caliente” de 1969 hasta “la estrategia de la tensión” y luego “los años de plomo”, ya a fines de los 70, pasando por los comités de base en las fábricas, las luchas de estudiantes-trabajadores y trabajadores-estudiantes, la autonomía obrera, y el lado menos conocido del movimiento: la explosión de 1977, prefigurada por el surgimiento en todo el hinterland (periferia) de los Círculos del Proletariado Juvenil. Las ocupaciones, las radios, los festivales. Y tambien, el terrorismo estatal, la lucha armada….una desastrosa espiral de acción y reacción que se saldó con muchos muertos y encarcelados. En fin: derrota tras derrota, hasta la victoria final
Cerrando el disco, tenemos a “Estación Benavidez”. Originalmente esto era una especie de homenaje a Ornette Coleman, fallecido el 11 de junio de 2015. Monki me decía que nunca se le pasó la tremenda impresión que le produjo hace varios años escuchar el inicio del álbum Body Meta (1978), “Voice Poetry”, con su hipnótico uso del ritmo conocido como “latin”, popularizado mil veces desde Bo Diddley a los Residents y Aksak Maboul. “Es un Groove eterno” me decía, mientras me invitaba a agregarle algunas tomas de saxofón (o chantofón). Pero no llevé ningún saxofón al estudio de Prius discos en noviembre del 2017, y desde lejos Monki sugirió que “la voz de la poesía” invitaba a alguna intervención hablada, y así fue como puse manos a la obra intentando relatar la extraña y psicogeográfica anécdota de cuando Ornette fue a tocar en Buenos Aires en el 2009 y se perdió en la ciudad tras ser expulsado del lobby del Hotel, yendo a parar vagando a Tigre, en subte y tren, donde fuera detenido por la policía, que por supuesto no tenía ni remota idea de quien era este señor , a Ornette nunca le entregaron la llave de la ciudad , en cambio la trompeta de Pope vuelve a aparecer en esta cancion que cierra el disco.
100% recomendable, y por supuesto que es una recomendación que viene de muy cerca. Archivar bajo la etiqueta “dub harmolódico del Sur”.
J.C. (a.k.a. Julio Cortés)
punkfreejazzdub.blogspot.com